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Para consultas sobre Zigbee, Home Assistant o servidores ya montados. Adjunta capturas del log si algo falla: nos ahorra la primera ronda de preguntas.
info@localwizard.comLocal Wizard nació de una molestia concreta: instalaciones de domótica que dejaban de responder cuando el proveedor cambiaba sus condiciones o se caía la conexión. Empezamos montando servidores propios sobre Home Assistant y coordinadores Zigbee en casas y talleres de Neuquén, y de ahí salió un método de trabajo que hoy seguimos usando.
Somos un equipo chico. Preferimos explicar por qué elegimos un canal Zigbee en lugar de otro, o por qué conviene dejar el hub en un cuarto y no en el living, antes que prometer una plataforma cerrada. Cada instalación queda documentada para que el dueño pueda mantenerla sin depender de nosotros.
La mayoría de las dudas que llegan al equipo tienen que ver con el hardware que ya tienes en casa, la red local o el estado de una instalación existente. Si nos cuentas eso de entrada, la respuesta llega mucho más rápido y con menos idas y vueltas.
Para consultas sobre Zigbee, Home Assistant o servidores ya montados. Adjunta capturas del log si algo falla: nos ahorra la primera ronda de preguntas.
info@localwizard.comCuando el problema bloquea el sistema y necesitas hablarlo en el momento. Si no atendemos, dejamos una devolución el mismo día hábil.
+54 9 11 7088 9053Instalaciones en Neuquén y alrededores. Revisamos el rack, la cobertura Zigbee y la configuración del coordinador antes de tocar nada.
Juan B. Aguerre, Neuquén, Q8300BMH, Argentina
Los mensajes que llegan en días hábiles antes de las 18:00 se responden dentro de las 24 horas. Las consultas técnicas complejas, con revisión de configuración o logs, pueden llevar hasta 48 horas. Fuera de ese horario, respondemos el siguiente día hábil.
Si tu caso ya apareció antes, puede que esté resuelto en la guía. Escríbenos o revisa los términos de soporte para entender qué cubre la asistencia remota.
Local Wizard no nació de un plan de negocio, sino de una serie de instalaciones concretas en Neuquén y alrededores. Cada etapa dejó una decisión de diseño que todavía está en el código y en los racks que armamos.
Instalamos Home Assistant sobre una Raspberry Pi para automatizar luces y persianas de un departamento. La idea era simple: que la rutina de la mañana no dependiera de la conexión a internet. Funcionó, y con eso quedó claro que el hub tenía que vivir en el domicilio, no en un servidor ajeno.
Después de probar Wi-Fi en varios ambientes saturados, migramos los sensores y los interruptores a Zigbee con un coordinador USB dedicado. Menos interferencia, menos dispositivos pidiendo IP, y una red de malla que sigue funcionando aunque el router se reinicie. Desde entonces no armamos un proyecto sin este paso.
Un cliente perdió la configuración completa tras un corte largo. A partir de ahí escribimos un procedimiento de respaldo semanal y versionamos cada archivo de automatización. Hoy cualquier instalación se puede restaurar en una tarde, incluso si el hardware cambia de modelo.
Somos pocas personas y trabajamos con la misma documentación. Cada instalación queda con notas, diagramas y nombres de entidades legibles para que otro del equipo pueda retomarla sin adivinar. Esa costumbre es la que sostiene el proyecto más que cualquier herramienta puntual.
El orden de estas etapas no es casual: primero la independencia del cloud, después la red, luego la continuidad y por último el equipo. Si algo se rompe, sabemos en qué momento se decidió y por qué.
Local Wizard no empezó como un producto ni como una idea de negocio. Empezó como una molestia concreta: tener la casa llena de dispositivos que dejaban de responder cuando se caía internet, o cuando el fabricante decidía apagar el servidor donde vivían nuestras rutinas. La historia del proyecto es, en buena parte, la historia de ir sacando dependencias de a una.
Todo arrancó con una Raspberry Pi, un coordinador Zigbee USB y Home Assistant instalado sobre una tarjeta SD que se corrompió dos veces en el mismo mes. Aprendimos a mover el sistema a un SSD, a separar la base de datos del disco de arranque y a no actualizar nada un viernes. Esas primeras noches de reinstalar respaldos marcaron el criterio que todavía usamos: si algo no se puede recuperar sin conexión, no está bien armado.
Con el tiempo dejamos de comprar dispositivos que exigían una app propietaria para funcionar. Empezamos a priorizar sensores, relés y enchufes que hablan Zigbee de forma estándar, y a documentar qué modelos responden bien a los comandos locales y cuáles se quedan a mitad de camino. Fue un trabajo lento y poco vistoso, pero cambió por completo la forma de planificar una instalación.
Los primeros trabajos para otras personas llegaron por recomendación: un taller, un departamento con persianas motorizadas, una casa de fin de semana en la cordillera. Ahí aparecieron los problemas reales que no se ven en un laboratorio: redes inestables, medidores de luz que interfieren, paredes gruesas que cortan la señal. Cada instalación dejó notas que después se volvieron parte del método de trabajo.
Hoy somos un grupo chico y bastante disperso: gente que viene de la electrónica, de la administración de sistemas y de la instalación eléctrica. No tenemos un organigrama prolijo ni una oficina central. Lo que sí tenemos es un repositorio compartido de configuraciones, un archivo de errores frecuentes y la costumbre de dejar todo documentado antes de cerrar un trabajo.